2º DOMINGO DE CUARESMA

La encarnación de la Palabra en la vida es lo que encandiló a los oyentes de Jesús. Por eso creyeron y le siguieron. Porque lo que arrastra no es nuestras palabras, sino la vida, una vida auténtica. Eso es lo que echamos en falta en los demás, pero es también lo que nos falta a nosotros.

“En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo.» De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.» Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos”. (Marcos 9, 2-10).

PROPÓSITO DEL DÍA:

De la tentación, de la comodidad; acércate  a tus hermanos.… ESCAPA

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