CUARESMA

Habríamos de pensar también durante la Cuaresma en los conversos que serán aceptados en la Iglesia por medio del bautismo, el gran sacramento cuaresmal. No se trata sólo de que las personas individuales se agreguen a la Iglesia al bautizarse, sino de que también la comunidad cristiana esté dispuesta a recibir a estos hermanos, acogerles con cariño y hacer que se sientan como en su casa.

“En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.”
(Lucas 4, 24-30).

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