HERMANOS MAYORES

18 AÑOS SIN VERTE…

Comienzo estas líneas, debido a las nuevas tecnologías, en la mismísima Capilla del Stmo. Cristo de los Remedios de nuestra parroquia; lugar histórico y emblemático que ahora mismo y siempre me transmite una inmensa serenidad, recogimiento espiritual y sobretodo una gran sensación de amor y veneración a la Imagen imponente que tengo ante de mis ojos; elevada sobre el Sagrario donde realmente estás presente Señor, aunque pueda contemplarte visualmente representado en la Cruz tallada de 1939 (justo acaba de entrar Don Emilio y, en presencia de Don Santiago, se nutre de las Formas Consagradas para la inminente Comunión, ¡qué momento más especial!).

Ha acabado la misa diaria, no para de entrar gente a la Capilla a visitar el Santísimo…; por ello, dejo de escribir con algo de apuro, me arrodillo y me pongo a rezarte Señor…

Pasan unos minutos y nos quedamos sólo unos pocos…, me siento de nuevo y vuelvo a teclear…

Para ser sincero, ya que no estoy seguro de ser digno de ello, siento una sensación estremecedora muy inusual al estar escribiendo ante nuestro Cristo. Una mezcla entre respeto, nervios, sosiego e inmensa devoción, aunque ésta debería ser muchísimo mayor para todo lo que nos has dado, das y darás Dios Mío.

Pero de lo que más estoy seguro ahora mismo, es que éste, es el mejor momento de la semana. Como cada viernes, al anochecer, intento por todos los medios terminar con el trabajo diario y poder llegar a tiempo a la Iglesia para poder verte y contemplarte.

Cara a cara, de verdad, vacío, sencillo y humilde postrándome ante Ti y poniéndome a tu disposición entregado por completo para pedirte y darte las gracias por infinidad de cosas, para pedirte por tantas personas (incluida yo que soy el más necesitado), para recordarte que me perdones por tantos fallos, aunque a Ti Señor, no hace falta recordarte nada; cómo se dice en confesión: ¡Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo!

Hablar contigo así y mirar tu rostro es sencillamente maravilloso… Recuerdo ahora unas palabras escritas por mi hermana y madrina de bautismo en esta misma revista hace unos años que todavía me ponen los “pelos de punta” cada vez que las leo.

Hacían referencia a cómo te miraba nuestra abuela orándote en esta misma Capilla, con ese amor tan especial e inigualable que te profesaba. Decía en sus líneas, que ojalá pudiéramos mirarte de esa manera tan santa como lo hacía ella… Eso mismo digo yo; ojalá pudiera mirarte y amarte como lo hacían mis abuelos, como lo hacen mis padres y demás familiares. Te doy gracias una vez más, ¡Oh Cristo de los Remedios!, por dejarles que nos inculcaran a mis hermanos y a mí esta devoción hacia Ti, ¡qué ejemplo más enriquecedor nos han dado desde nuestra infancia!: en nuestros viajes familiares, en los buenos y malos momentos, en el día a día, siempre nos han mantenido a tu lado.

¿Sabes Señor?: pensando detenidamente, hasta hace un par de meses, éste era el único sitio en el que te podía ver en tu Cruz, ya que casi ni me acuerdo de la última vez que te vi en tu Carroza en Procesión por las calles de nuestro pueblo. ¡Qué curioso verdad!

Esta pasada Semana Santa, en tu Procesión de Jueves Santo, cuando tuve el gran honor de ejercer por primera vez como Hermano Mayor de nuestra Hermandad, era la primera vez que te contemplaba saliendo por la puerta de la torre de la Iglesia en 18 años… Desde aquel 28 de agosto de 1997, siendo adolescente, no te veía salir y elevarte en tu Carroza tras cruzar la torre en ese momento tan intenso y conmovedor que supone verte encarar la Plaza con ese silencio que penetra en lo más profundo del alma y que nos hace pensar tanto y ser tan insignificantes a tu lado, a la vez que privilegiados; momento donde te das cuenta que nuestra vida no es sólo nuestra, sino también tuya.

Reconozco, en mi opinión, que ese momento es el de mayor intensidad y emoción de la Procesión, aunque salir contigo desde dentro de la Carroza justo bajo tus pies pudiendo incluso tocarte mientras suena el himno nacional, no tiene precio…

Pero, siendo honesto, la sensación de acompañarte en el exterior caminando a tu lado por las calles es indescriptible. Cuanta verdad, amor y pasión contenidas hay en ese recorrido; así pues, supe que Procesión es sinónimo de Oración… después de tantos años se me había olvidado. Una oración continua que te hace mirar hacia arriba y ver tu bonito rostro en tu última expiración, y que me hace pensar todo lo que hiciste por nosotros en esa Cruz y haces en cada momento de nuestra vida.

Gracias de nuevo, Cristo Salvador, por dejarme estar a tu lado aquí en tu Capilla y acompañarte de una manera u otra por nuestras calles. No dejes nunca que me aparte de ti, que me olvide de ti… Haz, como relata el reciente libro de las 28 oraciones en tu honor, que crezca constantemente en mí la pasión para estar en tu Reino y las ganas de acercarme a vivir en santidad.

Ya se va yendo la gente otra vez de la Capilla, quedamos muy pocos. Oigo los pasos de Don Emilio en dirección a la puerta principal, están a punto de cerrar la Iglesia…

Eso me dice, muy a mi pesar, que nuestro tiempo juntos se acaba por hoy, ¡qué corto se me ha hecho!

Mi Señor, no sé cuanto más estaré sin verte por las calles después de estas Fiestas, pero seguro que te llevo como si caminara a tu lado. Haz que el viaje de mi vida, como en la Procesión, sea a tu lado.

Para terminar, Cristo de los Remedios, me arrodillo de nuevo ante Ti y te doy gracias por dejarme buscarte y seguirte cada día y paso a paso. Otórgame, como nos decía San Juan Pablo II a los jóvenes, el don de ser valiente y no tener miedo a ser santo, el don de ser gran amigo Tuyo, Jesucristo, y el don ser el gran amor de María, tu Madre.

Yo lo busco todos los días, y ¿tú?

Felices Fiestas en honor del Santísimo Cristo de los Remedios.

Juan Pablo Esteban Pérez.

Hermano Mayor 2015/2016.

 

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